Política, sociedad y masonería

La masonería es una institución que funciona con normalidad en la mayoría de países democráticos. No tiene ningún afán de protagonismo especial ni ninguna incidencia especifica.

Sin embargo, conscientes que, vivimos en un mundo que necesita de ideas y acciones para su progreso, algunas logias y federaciones de logias han creado instituciones paralelas para poder influir allá donde pensamos que es más importante. Así pues, muchas logias han creado fondos de solidaridad, orfanatos, hospitales, escuelas en países del tercer mundo y otras acciones sociales.

También se han creado fundaciones de menor calado, que promocionan becas de estudios o concursos literarios.

En tiempos mas recientes las logias están promoviendo acciones de solidaridad en ámbitos locales, en especial en integración de inmigrantes y escolarización.

Estas acciones sociales, han llevado a acusar a la masoneria de ser una especie de lobby politico, nada mas lejos de la realidad dado que la masonería no es en si misma una asociación política en el sentido restringido partidista, se puede argumentar desde dos puntos de vista, el primero, que la masonería es mucho mas, es una institución fraternal, es una institución iniciática y esto “per se” la hacen diferenciarse claramente de una entidad política, la segunda, es que la masonería se abstiene de la participación política. Nunca jamás una logia o federación de logias se ha presentado a unas elecciones.

La Orden masónica, sin embargo, no interviene, en la elección que sus miembros pueden hacer dentro de ese campo. En el amplio espectro de las opciones políticas partidistas que la sociedad pueda ofrecer al ciudadano, el masón puede inclinarse por una u otra, siempre y cuando dicha opción no se oponga a los principios éticos y filosóficos de la masonería.

Históricamente, la masonería se ha visto enfrentada, con algunas excepciones locales, y, generalmente sin que la Orden tomara la iniciativa, con los dos extremos del amplio espectro al que antes aludíamos por un lado, con la extrema izquierda, en su concreción comunista rusa, y por otro con la extrema derecha, en sus diversas formas de dictaduras o regímenes fascistas.

Un masón, puede, por tanto, tener la ideología política que mas le convenga o le agrade, siempre que esta opción política sea defensora de los derechos humanos y de la democracia.

Llama la atención que, incluso sin una acción política o social del tipo “think tank” en medios anti-masónicos se ha especulado con una relación entre la masonería y el poder. Lamentablemente, estas especulaciones hablan de poder sin identificar a que se refieren, por lo que es bastante complejo refutar algo tan inconcreto.

El poder político no es objetivo de la masonería. El poder económico tampoco seria uno de los puntos fuertes de la Orden que sobrevive a base de magras cuotas de sus afiliados.

El concepto de poder, lo suelen basar en personalismos, realizando listas de políticos, empresarios y otras dedicaciones a fin de intentar una convergencia. Lamentablemente se olvidan de la inmensa mayoría de masones que en su vida diaria están muy alejados de los centros de decisión políticos y económicos, dado que están dedicados a sus trabajos comunes.